martes, 19 de julio de 2016

Epifanía Gastronómica #2: Estepona y Palm Beach


Antes de marcharme al Curso de Jóvenes Escritores organizado por el Centro Andaluz de las Letras (sobre el cual escribiré la próxima entrada, pero os adelanto que ha sido una experiencia INCREÍBLE), hice una escapadita con la familia para celebrar que de nuevo estábamos juntos y para despedirme a mi también. 

Fuimos a Estepona, a un chiringuito llamado Palm Beach. Si vivís cerca de esta ciudad, os animo a visitarla. Está muy cuidada, tiene un aspecto precioso, y la parte del paseo marítimo está genial. En cuanto al chiringuito, no puedo hacer más que recomendaros lo mismo. camarero guapo Trato amable, ambiente calmado, música agradable, hamacas cómodas, y lo más importante: comida deliciosa.



De entrantes compartimos una Ensalada César, que aunque no era nada del otro mundo (para que me sorprendan con una ensalada tiene que ser innovadora, porque soy una auténtica maestra en cuanto a hierbas, por favor, no seamos mal pensados) estaba rica y refrescante, y unos Rollitos Selección Palm Beach Asiático de pasta filo (?), rellenos de carne aderezada con diferentes especias y acompañados con dos salsas distintas: agridulce y yogurt. ¡Me supieron a poco! 



De plato principal mis padres pidieron una Hamburguesa Clásica. Tenía buena pinta, pero como yo soy más sibarita, decidí pedir algo más sofisticado: Palm Beach Salteado. Os retransmito textualmente lo que lleva según la carta: "Pollo y gambas salteados en salsa de ostras o chili dulce o thai curry con verduras crujiente, anacardos, pan de gamba y arroz basmati." Madre mía, con esa combinación de alimentos y sabores, ¿cómo no iba a pedirlo? 

Estaba delicioso, la pega fue que una servidora pensaba que thai curry era la salsa más suave de las dos... y resultó ser lo contrario. Traté de aplacar el calor con la mayonesa, pero la única alternativa que funcionó fue echar la salsa en otro cuenco. Desde ese momento pude comer con tranquilidad, y disfrutar de mi fantástico plato. ¡Ya sé qué no debo volver a pedir! 




Por su parte, Fernando pidió un Satay de Patatas: brocheta acompañada con guarnición de ensalada, patatas, y un poso de crema de cacahuete. Me dejó probarla, y su sabor me dejó fascinada. Algo empalagoso, pero me pareció un concepto muy atrevido: la dulzura y jugosidad de la salsa mezclada con el punto seco de la carne resultó ser muy acertada. 


El principal defecto del almuerzo fue la tardanza. A pesar de que el local no estaba lleno, nuestro pedido tardó bastante en llegar. Si tenéis hambre, echadle paciencia al asunto. No obstante, os aseguro que la espera merece la pena. 

Como acabamos con el estómago demasiado lleno, no hubo hueco para postres. Yo necesito aunque sea una pequeña ración de chocolate en mi cuerpo después de una comilona, así que, cuando llegó la hora de los cócteles yo preferí tomarme un batido de chocolate con nata. Qué le voy a hacer. Soy una adicta. 



Nos costó trabajo marcharnos: estábamos muy a gusto tirados en nuestras tumbonas. Por último, me gustaría comentar una cosa; el ambiente de las playas de Estepona es estupendo, pero... ¡tened cuidado con las piedrecillas! Dificultan el baño e imposibilitan el pasear por la orilla. En conclusión, Palm Beach es un chiringuito especial donde se pasa un día mágico.  

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