domingo, 4 de septiembre de 2016

Sobreviviendo al Erasmus #1 - Bienvenida inesperada

1 de septiembre de 2016


Este pasado jueves comenzó la aventura que este curso me prometía: mi estancia en Graz. Para llegar a mi destino tuve que hacer dos escalas: Sevilla – Barcelona y Barcelona – Viena. No obstante, a esto había que sumarle dos tramos en coche y autobús: el primero, para llegar a Sevilla;  y el segundo, para Graz.

Así que a las 2 de la madrugada mi familia y yo partimos hacia el aeropuerto de Sevilla, para poder llegar a buena hora, pues el vuelo lo tenía a las 7 de la mañana. La despedida con mi familia fue muy bonita, al igual que con el resto de mis amigos y familiares el día anterior. Si alguna vez os vais de Erasmus, es comprensible que os emocionéis en ese momento, pero entristecerse no merece la pena. Abrazos, pero con sonrisas… y para el vuelo.

En la terminal número 8 me reuní con Paula, con quien hice el primer vuelo. Poco a poco, en cada aeropuerto, nos fuimos encontrando con los Erasmus de Graz. Finalmente, en el aeropuerto de Viena, todos tomamos el Flixbus de las 16.50 para Graz.


En el camino no vi nada más allá que verde, verde y más verde. A pesar de que charlamos entre nosotros y nos fuimos conociendo, el viaje se me hizo largo, pues estaba cansada de todo el día. A las 19.30 llegamos por fin a Graz, Girardigasse. Allí me recogió Steffi, mi buddy.

Para quién no sepa qué es un buddy, daré una breve explicación: es un estudiante de tu ciudad de destino Erasmus, que se ofrece a cuidar de ti y a guiarte durante tu estancia.

La mala suerte que he tenido con otras cosas se compensa con Steffi: es una chica estupenda, amable, dispuesta a ayudar, y que siempre luce una brillante sonrisa que te promete que todo irá bien.

(Es lógico que sea tan maravillosa y tan buena persona. Se llama Estefanía, jiji).

Steffi y yo partimos hacia el SPAR y el IKEA, donde compré las cosas necesarias para sobrevivir esa noche. Ingenua de mí, compré hasta un edredón por si pasaba frío. Creo que la concepción que tenemos la gente del sur sobre los países que se hallan más al norte es que viven en un estado de congelación permanente.

ESO ES MENTIRA.

Vale, no os digo que no vaya a hacer un frío polar dentro de dos semanas, pero aún estamos a principios de septiembre, y en Graz todavía apetece llevar mangas cortas y sandalias (al menos por el día), cosa que yo no he traído.

He aquí, el primer hecho inesperado: CALOR

Eso no es todo: una vez finalizadas las compras, Steffi me cuenta que el ascensor de mi residencia está estropeado, y que tendremos que cargar con las maletas hasta el tercer piso.

Segundo hecho inesperado: HACER PESAS CON EL EQUIPAJE

Por suerte, un gigantón se ofreció a llevar la de 24kg, pero yo casi muero cargando la maleta de mano, que obviamente, no se podía portar con una mano sola.

Tercer hecho inesperado: MI HABITACIÓN Y SUS ENTORNOS

Sorprendentemente pequeña y bañada por una capa de porquería y polvo (la cual he fotografiado para tener pruebas físicas, pero no voy a mostraros porque son desagradables) hizo que todo el ánimo y brío que había tenido durante el día se esfumase en un plis plas. La cocina y las zonas comunes de mi bloque están igual de sucias. El cuarto de baño es una gran sala que tiene tres duchas y tres baños, divididos con claustrofóbicos habitáculos de plástico.

Lo que me deprimió completamente fue visitar la habitación de una de las compañeras, que es gigante en comparación con mi buhardilla Potteriana. Esa noche nos reunimos las españolitas y tomamos comida precocinada mientras intercambiamos nefastas opiniones. No estar sola me ayudó muchísimo: las chicas consiguieron arrancarme unas sonrisas.

Tras unas llamadas de teléfono que me sirvieron para desahogarme, caí rendida en un profundo sueño, que a la mañana siguiente, cuando me desperté a las 7 para ir al curso de alemán, me hizo creer que aún seguía en casa.


Cuarto hecho inesperado: LOS RUIDOS DEL SOMIER

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