domingo, 11 de septiembre de 2016

Sobreviviendo al Erasmus #4: ¿Dónde está mi móvil?

3 de septiembre de 2016

Aquella mañana me dediqué a colocar las cosas de la maleta en el armario, pues era necesario ahorrar espacio para poder moverme por la habitación.

A la tarde, Marta (compi de resi con la que sobrevivo dia y yo fuimos en coche con Steffi al IKEA, a comprar los materiales esenciales para sobrevivir y poder cocinar como personas normales. Después de una hora estrújandonos la cabeza para escoger los productos más baratos, busqué en la mochila para ver la hora en el móvil… y no estaba.

Si me conocéis sois conscientes de que tengo un talento innato para dejarme el teléfono en cualquier lugar. Así que podéis imaginar el pánico que me entró cuando me di cuenta que podría haberme dejado el móvil en un rincón perdido del IKEA.

Quedarme sin teléfono habría sido horrible, pues no había podido coger la clave del wifi ese fin de semana, y por lo tanto no tendría forma de contactar con nadie. Al borde de un ataque de nervios, Steffi y yo fuimos a objetos perdidos (habían anunciado por megafonía que habían encontrado un móvil, pero como hablaban en alemán, no entendí ni papa) pero me dijeron que el que tenían no coincidía con la descripción del mío. Como última opción nos marchamos al coche, y efectivamente allí estaba: en el asiento del copiloto. Se me había caído del pantalón.

Demasiadas emociones en muy poco tiempo.

Terminamos la compra aprisa porque a las 6 cerraba el IKEA, y una vez en la residencia Marta y yo hicimos reparto de bienes. Un poco de organización, de descanso...¡y a salir por la noche!

Bueno, a las 8.30.

Quedamos con Noelia, Pablo y Guille (como podéis deducir, son españoles), y fuimos a AREA 5, en JAKOMINIPLATZ (una de las plazas principales de la ciudad). AREA 5 está en la planta superior de una especie de centro comercial, por lo que tiene unas vistas estupendas. Este bar también pertenece a la cadena DIE BAUSATZLOKALE, pero en esta ocasión decidí pedirme una pizza. La acompañé con una pinta de PUNTIGAMER, la típica de Graz. ¡Muy rica, por cierto!




Unos vinitos blancos fueron los que vinieron después, pero estos venían aderezados con un toque de sirope de sabores. Aprovechando el típico “yo nunca”, nos pasamos los vasos y fuimos probándolos todos.

(Hasta que Guille rompió la copa, claro. Just kidding)



La residencia de nuestros compañeros (Neutorgasse), fue la siguiente parada. Nos hicieron un tour por su “humilde” morada y nos asentamos en la cocina con unas cervezas. La noche fue estupenda: juegos, risas, gente encantadora, y por fin, la primera promesa de que el Erasmus merecería la pena. 

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